Del nombre
Los tarahumaras se llaman a sí mismos rarámuri
que significa corredores a pie; proviene de las
raíces: rara (pie) y muri (correr). Para
ellos es sinónimo de las personas o los
humanos. A los mestizos en general se les designa
con el término chabochi que significa los
que tienen barbas, y a los que conviven con ellos
y comparten su cultura les llaman napurega rarámuri.
Localización
Habitan la parte de la Sierra Madre Occidental
que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste
de Durango y Sonora. Comparten este territorio
con los tepehuanes, pimas, guarojíos y
mestizos. De los grupos originarios de la región
es el más numeroso y habita un espacio
más amplio que los demás por lo
que a su territorio también se le denomina
sierra Tarahumara.
La sierra Tarahumara está formada por elevadas
montañas que alcanzan de 2 000 a 3 000
msnm y profundas barrancas. Se le ha dividido
geográficamente en Alta y Baja Tarahumara.
Este grupo vive de manera dispersa en rancherías
y pueblos en los municipios de Guadalupe y Calvo,
Morelos, Balleza, Guachochi, Batopilas, Urique,
Guazaparez, Moris, Uruachi, Chínipas, Maguarichi,
Bocoyna, Nonoava, Carichí, Ocampo, Guerrero
y Temósachi. Antecedentes históricos
A la llegada de los españoles, el actual
estado de Chihuahua era ocupado por varios pueblos:
los tubares, los tobosos, los cocoyomes, los
joyas, los conchos, los guazapares, los chínipas,
los tarahumaras, los salineros y los pimas.
Los tarahumaras ocupaban el territorio que recorre
la estribación este de la sierra Tarahumara.
Se tiene poca información acerca de su
cultura y forma de vida. Al parecer, su organización
se fundaba en el parentesco basado en relaciones
recíprocas y contaban con un cacique
o "principal". Se supone que estos
caciques gobernaban una o varias rancherías
pero no existía un gobierno unificado
para toda la nación rarámuri.
Eran agricultores, sembraban principalmente
maíz y frijol, actividad que complementaban
con la caza y la recolección.
En la segunda mitad del siglo XVI se inició
la colonización del actual estado de
Chihuahua con la explotación de una mina
en 1557 y la fundación de Santa Bárbara,
primer centro de población española.
Los jesuitas establecieron una misión
en el Valle de San Pablo, hoy Balleza, hacia
1607; sin embargo, la tarea evangelizadora se
suspendió por la rebelión de tarahumaras
y tepehuanes en 1620, reanudándose hasta
1639 con la misión de San Felipe de Jesús.
En 1631 se empezó a explotar la mina
de San José del Parral, por lo que Parral
se convirtió en importante mercado de
productos y mano de obra para los rarámuri.
Pronto, ganaderos y agricultores empezaron a
apoderarse de las mejores tierras lo cual obligó
a los tarahumaras a internarse cada vez más
en la sierra. Éstos, reducidos a pueblos
de misión eran forzados a prestar trabajo
en las minas cuando esta actividad cobró
auge a mediados del siglo XVII.
Los jesuitas, establecidos en las misiones,
se desplazaban de ahí hacia regiones
de "gentiles" para convertirlos y
congregarlos en pueblos, de donde los indígenas
huían. Sustituían a los caciques
por nuevas autoridades como gobernadores, capitanes,
generales, soldados, fiscales, mayores y temastianes.
A los habitantes de los pueblos que no cumplían
con los oficios católicos les imponían
castigos que iban desde azotes hasta la condena
al trabajo forzado a perpetuidad. Cada misión
cultivaba campos y criaba ganado para abastecer
los centros mineros y las poblaciones misionales.
Durante el siglo XVII hubo una serie de rebeliones
que impidieron la consolidación del sistema
misional. En 1651 los tarahumaras se levantaron
en armas contra los españoles debido
al descontento que provocó la ocupación
permanente del Valle de Papigochi por parte
de los españoles. Dos años después
los naturales fueron obligados a pactar la paz
forzados por la destrucción de sus siembras;
a cambio, los españoles abandonaron la
sierra.
A partir del siglo XVIII los jesuitas optaron
por no obligarlos a establecerse en pueblos
sino dejarlos que asistieran sólo al
trabajo y a los rituales en la iglesia; con
esto disminuyó considerablemente la población
natural establecida en pueblos.
Al momento de la expulsión de los jesuitas
de la Nueva España en 1767, tenían
28 misiones en la Alta y Baja Tarahumara que
pasaron al clero secular del obispado de Durango
y a los franciscanos de Zacatecas.
En 1876 se rebelaron los rarámuri de
Nonoava debido al despojo de tierras de que
fueron objeto por parte de mestizos amparados
en las leyes de desamortización dictadas
en 1856. Aunque el conflicto se solucionó
con la devolución de las tierras, nuevos
levantamientos se registran en Agua Amarilla
en 1895 y en Chinatú en 1898 debido a
los abusos de los mestizos.
A fines del siglo XIX y principios del XX se
intensificó la actividad minera, que
se vino abajo finalmente con la caída
mundial del precio de la plata y el auge de
la explotación forestal que trajo consigo
la llegada de extranjeros a territorio rarámuri
y la construcción del ferrocarril Kansas
City.
En 1900 se reinstalaron los jesuitas en la sierra
reiniciando su labor evangelizadora y fundando
escuelas. Durante el periodo revolucionario,
muchos enfrentamientos armados se efectuaron
en la sierra, pero los tarahumaras sólo
participaron por accidente.
En 1938 se estableció en Guachochi una
escuela Normal para maestros indígenas,
cuyos egresados crearon el Consejo Supremo Tarahumara.
Con la reforma agraria los tarahumaras fueron
dotados de tierras ejidales; es entonces cuando
el bosque es demandado para la instalación
de aserraderos o contrataciones con las compañías
madereras.
La explotación del bosque y la tenencia
de la tierra marcan significativamente los procesos
sociales que se desarrollan en la actualidad
en la región y que han derivado en relaciones
asimétricas entre mestizos y rarámuris.
Lengua
La lengua tarahumara forma parte de la familia
yuto-azteca, que se extiende desde Utah en los
Estados Unidos hasta Centroamérica y
está considerada junto con el concho
y el guarojío dentro del subgrupo cahíta-ópata-tarahumara,
emparentado con el subgrupo pima-tepehuano y
el cora-huichol.
La diversidad de lenguas yuto-aztecas que se
hablan en el noroeste de México puede
ser indicativa de que los hablantes de estas
lenguas han ocupado el territorio por miles
de años.
Existen diferencias dialectales en la lengua
tarahumara que, sin llegar a ser muy profundas,
provocan una cierta inteligibilidad entre todos
los hablantes de tarahumara.
Salud
Desde la perspectiva de este grupo, la salud
refleja la calidad de las relaciones del individuo
con otros seres del universo, pues el que sean
protegidos o dañados por ellos, depende
de la interacción del hombre con los
seres sobrenaturales.
Los tarahumaras consideran que el ser humano
se compone de un cuerpo y de una o más
almas. El cuerpo está constituido por
sapá (partes carnosas o músculos),
ochí (huesos) y lá (sangre), animados
por una o más almas. Las enfermedades
más serias son aquellas que pueden causar
la pérdida definitiva de las almas y
que suelen ser provocadas por algún hechicero
o por la ingestión de las plantas jícuri
o bakánowi.
Los trastornos comunes son tratados a nivel
doméstico en tanto que las enfermedades
más serias requieren de la atención
de un especialista. Entre estos últimos
encontramos al sipáame o raspador quien
cura por medio de la raspa del jícuri
y el bakánow; el owirúame que
cura por succión; el onéame que
sana a través de los sueños; y
el wanáame quien también succiona
el mal.
El médico rarámuri es respetado
e incluso temido ya que puede utilizar su poder
para hacer daño o para curar. Establece
una relación de reciprocidad con sus
pacientes; él debe cuidar de la salud
de éstos, a cambio de lo cual obtendrá
prestigio y obsequios materials; dinero, alimentos
o animales.
Vivienda
Los tarahumaras habitan en ranchos; su vivienda
consiste en una casa-habitación, un granero
y un corral de madera.
Las casas se construyen con madera, adobe, cantera
o piedra, dependiendo del material que haya
en la región. Lo más común
es encontrar viviendas hechas de troncos de
pino dispuestos de manera horizontal, uno sobre
otro, con techo de canoa o de vigas de dos aguas;
los troncos son ensamblados en las esquinas
y las rendijas son tapadas con una mezcla de
lodo.
Generalmente la vivienda consta de un solo cuarto
pero también las hay de dos o más.
El mobiliario consiste en una estufa o calentón
hecho de lámina, el metate, utensilios
de cocina, una estructura de madera que sirve
de cama y cobijas. La vivienda se utiliza para
guarecerse del frío o la lluvia pero
es muy común que la gente duerma y cocine
a la intemperie.
Para construir una casa generalmente se organiza
una tesgüinada.
Artesanías
Los tarahumaras fabrican objetos para satisfacer
las necesidades de la familia tanto para el
uso cotidiano como para las ceremonias y rituales.
La producción de estos objetos está
dirigida primeramente al autoconsumo y el excedente
se comercializa.
Las mujeres hacen ollas de barro, cajetes, platos,
vasos, tazas y jarros; en algunos lugares también
usan la palma y palmilla para tejer canastas
de diversos tamaños.
Los hombres fabrican violines, bolas, arcos
y tambores, bateas, cucharas y tallan figuras
con madera. Unos y otros tejen cobijas y fajas
de lana con figuras geométricas.
La artesanía producida se vende en Creel,
Carichí, Batopilas, Guachochi y Bocoyna.
Algunos forasteros se acercan a los pueblos
para comprar artesanía y exportarla.
Territorio, ecología y reproducción
social
La sierra Tarahumara es escabrosa y quebrada
con bruscos desniveles entre elevadas montañas
y profundas barrancas. Estas dos situaciones
constituyen dos zonas ecológicas distintas.
En las partes altas de la sierra los suelos
son generalmente muy delgados y están
cubiertos de bosques de coníferas. En
cuanto estos terrenos son abiertos para el cultivo,
la materia orgánica se pierde en poco
tiempo, dejando los suelos en condiciones de
baja fertilidad. La explotación forestal
de la sierra ha provocado la tala inmoderada
de los bosques con la consecuente desaparición
de algunas especies de la flora y la fauna de
la región, y ha desequilibrado visiblemente
la ecología de ciertas áreas.
Las tierras susceptibles de cultivo se localizan
en pequeñas laderas y mesetas, donde
las labores agrícolas se desarrollan
en los meses de clima benigno pues las bajas
temperaturas, en algunos casos menores a los
–10ºC, se presentan de octubre a
marzo.
Los pinares se ven acompañados por encinos,
álamos, fresnos, robles, táscate,
manzanilla y algunas variedades de plantas desérticas
como el nopal, el cactus de bola y la yuca.
Con relación a la fauna encontramos el
gato montés, el coyote, el lobo, el zorro,
el zorrillo, la ardilla, el ratón, el
topo, el águila, el zopilote, la codorniz,
y el pavo salvaje. En peligro de extinción
se encuentra el puma, el ocelote, el oso gris
y el venado cola blanca.
El descenso de las montañas a la zona
de barrancas conduce a calores sofocantes desde
los meses de abril a septiembre que alcanzan
temperaturas hasta de 50ºC. Encontramos
aquí maguey, palmilla pitahaya y sótol,
y árboles de frutas tropicales como mango,
papaya, naranja, limón y aguacate.
Los principales ríos que irrigan la zona
son afluentes del Fuerte, El Tutuaca, El Papigochi
y El Mayo.
Para los tarahumaras la principal actividad
para su subsistencia es el cultivo del maíz.
Alrededor de él se organiza la mayor
parte de su vida cotidiana y ceremonial. Las
tierras de cultivo se hallan dispersas en pequeñas
mesetas y laderas, lo que influye en la dispersión
de los asentamientos que se organizan en rancherías.
La fragilidad del suelo sólo permite
el trabajo agrícola con instrumentos
manuales y de tracción animal. Se utiliza
el estiércol de ganado caprino y vacuno
para la fertilización de los campos,
aunque en algunos lugares se depende de los
fertilizantes químicos. Aunque existe
un rango de variabilidad, se calcula que la
siembra de diez litros de maíz son suficientes
para cubrir los requerimientos de una familia.
Ésta es la encargada de realizar las
labores agrícolas y en caso necesario
es apoyada por familias de las rancherías
vecinas que son invitadas a una tesgüinada
donde se bebe tesgüino que se prepara con
maíz fermentado y se ofrece a quienes
ayudan en el trabajo. Las tesgüinadas son
ocasiones de convivencia social y a través
de ellas se crean y reproducen lazos de reciprocidad.
El trabajo agrícola no es sólo
una actividad estrictamente económica,
sino que involucra también a la organización
y a la religiosidad tarahumara.
La cría y el cuidado del ganado es también
una actividad importante sobre todo en los municipios
de Balleza, Carichí y Nonoava. Para el
tarahumara la posesión de animales: vacas,
caballos, cabras, borregos o gallinas es un
símbolo de riqueza. Complementan su economía
con la venta de artesanías a turistas,
el empleo asalariado en los aserraderos o centros
de población más cercanos, así
como la migración en busca de empleo
a los estados de Sonora, Sinaloa y Durango.
Organización social
La unidad social básica es la familia
nuclear formada por el padre, la madre y los
hijos. La pareja recién casada va a vivir
a casa de los padres de la mujer y en cuanto
les es posible tener casa y tierra se establecen
por separado.
Las tesgüinadas, como se señaló
con anterioridad, son un espacio importante
para la interacción entre miembros de
varias familias de una o más rancherías
y se presentan durante todo el ciclo agrícola
y las ceremonias ligadas a él, así
como en los trabajos de construcción
de la vivienda y de cercas.
Los tarahumaras están organizados en
pueblos que gobiernan un determinado número
de rancherías. A la cabeza del pueblo
se halla un gobernador o síriame, quien
preside las reuniones dominicales y da un sermón
o nawésari, actúa como juez en
los conflictos, organiza las fiestas del pueblo
y es su representante ante las autoridades.
Le auxilian un segundo y tercer gobernador,
quienes funcionan como consejeros y lo suplen
en su ausencia. El gobernador nombra a uno o
dos generales que actúan como mensajeros
y son auxiliados en su tarea por capitanes.
El alguacil es el encargado de distribuir los
bastones de mando a los gobernadores y de guardarlos
en la iglesia. También existe un mayor
que concerta matrimonios y aconseja en caso
de dificultades, un maestro que es el encargado
de rezar en tarahumara durante el culto religioso
dominical. Esta estructura de cargos varía
de pueblo a pueblo. Los habitantes de las rancherías
que pertenecen a un pueblo se reúnen
los domingos y los días de fiesta.
Cosmogonía y religión
En los relatos rarámuri se cuenta que
en el principio de los tiempos Dios les dio
vida a ellos y el diablo a los chabochis. Así
explican las relaciones asimétricas entre
la sociedad rarámuri y la sociedad mestiza.
La religión de los tarahumaras está
presente en las relaciones interpersonales,
en la institución política del
pueblo, en los valores morales, normas y costumbres
que rigen a su sociedad. Su religión
se constituye tanto de elementos anteriores
a la evangelización jesuita como de los
que han tomado de la religión católica.
Las deidades principales son Támuje Onorá
o Onóruame, "Nuestro Padre",
asociado con el Sol y Tamujé Yerá
o Iyerúame, "Nuestra Madre",
asociada con la Luna y la Virgen María.
Los miembros de un pueblo se reúnen los
domingos en la iglesia para escuchar el "rezo
del mestrdi", por lo general en su misma
lengua. A veces se invita a los sacerdotes católicos
para que oficien misa e impartan el sacramento
del bautismo.
Existen otros rituales como los de curación
y los ligados al ciclo agrícola que no
se realizan en la iglesia sino en algún
rancho, en los campos de cultivo o en los cerros.
En estas ceremonias se danza, se come y se bebe
tesgüino.
Fiestas
El calendario festivo está estrechamente
relacionado con el ciclo agrícola. Las
fiestas más importantes son el día
de La Candelaria, Semana Santa, la fiesta del
patrón de la iglesia, la Purísima
Concepción, la Virgen de Guadalupe, la
navidad, el fin de año y la Epifanía.
En las ceremonias se llevan a cabo las danzas
de Matachines y Yúmari -excepto en Semana
Santa en que se baila Fariseos y Pascola, y
se ofrece tesgüino y comida a Onóruame,
que se comparte con los asistentes a la celebración.
Relaciones con otros pueblos
Los tarahumaras limitan territorialmente con
los guarojíos, los tepehuanos y los pápagos,
con quienes comparten en ocasiones la organización
ejidal.
Con los mestizos de la región, las relaciones
son conflictivas debido a la lucha por la tierra,
la explotación de los recursos naturales
y las arbitrariedades cometidas por éstos
en contra de los tarahumaras. Aunque existen
algunos matrimonios de mujeres tarahumaras con
varones mestizos, en general se desaprueba este
tipo de uniones.
Los mestizos tienen el respaldo de los grupos
de poder regionales e institucionales por lo
que imponen sus decisiones en los ejidos donde
tienen presencia.
Fuente: www.cdi.gob.mx
VERSIÓN ORIGINAL: MARGOT Q. HERAS
SÍNTESIS: GABRIELA ROBLEDO HERNÁNDEZ
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